5 consejos para irse de juerga

… y no morir en el intento

Como parte de mi servicio a la comunidad he decidido darles una serie de consejos que pueden ayudar a ponerse una borrachera épica, una resaca leve y, lo más importante, gastar poco dinero.

1. No cenar.

La comida es la principal causa de sobriedad en el 90% de las reuniones. Según un estudio realizado por la universidad de Tazmania, las personas que cenan tienen 60% menos probabilidad de acabar tiradas en la banqueta. Eso se debe a que el estómago y el hígado se entretienen metabolizando pendejadas y no se concentran en lo que realmente importa: alcohol.
El único problema: vas camino a la úlcera.
Ventaja competitiva: no gastas dinero en cosas que terminarás vomitando.
Nivel: guerrero.

2. Combinar alcoholes

El mito dice: “si no quieres que se suba rápido, no combines alcoholes”. Pero si estás leyendo es porque quieres aumentar tu consumo (pero no tu rendimiento). Cuando estés en una reunión-fiesta-peda-combebencia, la máxima que debe regir tus actos debe ser “alcohol es alcohol”. No te pongas conservador y experimenta: si es muppet, cachaça, ron seco, vino tinto o alcohol de curación debe importarte lo menos posible.
Tip: si es barato es mejor.
Consejo adicional: si es gratis es perfecto.
El único problema: no quiero ser tu cabeza durante la resaca.
Ventaja competitiva: siempre encontrarás qué tomar.
Nivel: cosaco.

3. Mujer sola. Mejor pregunta.

Si estás borracheando y te da por convertirte en el mil amores, ten cuidado por dónde “pisas”. Si ves un grupo de mujeres solas lo más seguro es que estén conspirando para conquistar al mundo o sean un grupo del congreso internacional de cirujanas plásticas divorciadas que están buscando una nueva manera de despanzurrar borregos e implantarle la lana a los hombres.

El riesgo aumenta si es una mujer sola. Nunca sabes si la mujer verdaderamente está tomándose un trago o es un travesti o, lo que sucede seguido, es la novia del mesero. En el último caso lo mejor es alejarse. Si algo debiste aprender en Jerry Seinfeld es a nunca pelear con quienes manejan tu comida. Nadie quiere que le sirvan un tequila con vello púbico.
Tip adicional: lleva condones y deja tu tarjeta de crédito en casa.
Ventaja competitiva: una noche loca no le hace daño a nadie.
Nivel: Mauricio Garcés.

4. Cuidado con el perro.

A estas alturas de la civilización debemos reconocer un hecho evidente: manejas pedo. No soy tu mamá ni tu niñera para decir que no lo hagas, que te puedes matar o que puedes matar a alguien.
Por trágico que suene: el mayor riesgo para el borracho al volante no es accidentarse, es la policía. Los retenes abundan en todas las ciudades de México y en lugar de proteger a la población se convierten en un peligro. Lo mejor que puedes hacer es seguir vía twitter a algún servicio de detección de retenes, en Yucatán está @retenesmerida y en el DF está @AntiAADF.

Si se hizo inevitable y te detuvieron en el retén siempre podrás aplicar la frase “es que acabo de cenar y me tomé dos cervezas”. Si no funciona, lo mejor es no bajar la cartera del auto, alegar que sólo tienes treinta pesos y dejárselos al policía, cuando te miren con odio le dices “es que soy estudiante y mi mamá me va a regañar”.
Tip: si tu auto es de los que pagan tenencia el nivel de efectividad se reduce.
Ventaja competitiva: no dormirás en los separos.
Nivel: encantador de perros.

5. Lidiando con las lagunas mentales.

Gracias al facebook siempre podrás saber con quién te agarraste a madrazos, a cuántas exnovias les llamaste. Lo que no siempre es fácil de recordar es dónde estás, por eso, una gran técnica es hacer check in en Foursquare, no importa dónde te encuentres, siempre podrás usar un lugar de referencia. Y así recordar dónde estás.
Tip: si despiertas porque tienes frío y cuando abres los ojos estás en una tina con hielos ni le muevas, ya te llevó la chingada.
Ventaja competitiva: tal vez podrás ayudar a desmantelar una red de tráfico de órganos. Lástima que no podrás verlo.
Nivel: Hey ¿dónde está mi auto?

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Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto

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21 usos [no muy] legales para un Moleskine

Moleskine es el cuaderno legendario que usaron celebridades como Hemingway, Picasso, Chatwin, entre otras vedetes culturales (y no tanto). Más que libretas utiles son fetiches legendarios, pero todos quieren una. Es un lujo que muchos se merecen y otros que no se merecen deciden darse. No hay problema.Quien ha usado un cuaderno moleskine sabe que no es una experiencia única, que no es la mejor libreta que ha tenido, que no te hace escribir mejor, no hace que tus dibujos se vean más profesionales, ni contribuye a hacer fluir las ideas. Vamos, es un cuaderno y ya.
Pero qué bonito es escribir en una. Nada más porque sí.
Mi experiencia con las moleskine empezó algún día cuando alguien en la carrera dijo algo sobre una y sobre Hemingway, entonces me emocioné.

Cuando mis compañeros de carrera me preguntan “¿y para qué tienes una Moleskine?” siempre tardo en responder. Por eso he decidido hacer una lista de razones contundentes para responder a esas personas:

  1. Para perderla.
  2. Para ver cuántos pendejos me preguntan para qué quiero una moleskine.
  3. Para cubrirme de la lluvia.
  4. Realmente es un disco duro extraíble.
  5. Para golpear policías.
  6. En mis tardes de ocio soy periodista y aquí llevo información clasificada.
  7. Es un bloc con 192 servilletas increíbles.
  8. Aquí anoto los nombres de todas las personas con las que he cogido, si quieres ver tienes que dejar que agregue tu nombre a la lista.
  9. No sabes nada de la vida si nunca has perseguido a un testigo de Jehová diciéndole que tu biblia es más grande que la de él.
  10. Es un práctico posavasos.
  11. Es genial para morder cuando vas al proctólogo.
  12. Lo llevo como un tributo a los niños vietnamitas que regalaron sus tripas para hacer esta libreta.
  13. Para abrir cervezas.
  14. En realidad es un trozo de platillo volador. Cuando lo sostengo cerca de mi pecho sube la marea.
  15. ¿Moleskine? ¿qué moleskine? esto es el Santo Grial.
  16. Aquí llevo mi ropa interior, la libreta es una gran plancha.
  17. Seguro nunca viste la película de Jim Jarsmuch en la que aparece una libreta idéntica.
  18. Es el borrador de mi próxima novela.
  19. Es el borrador de la próxima novela de Javier Marías (in your face!).
  20. En el sobre que tiene atrás llevo unas grapas de cocaína pura y estoy yendo a venderla a la cámara de diputados.
  21. Porque puedo hacerlo.

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Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto


En el insomnio

El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarrillo. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormir. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que en seguida tome una taza de tilo y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al médico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A las seis de la mañana carga un revolver y se levanta la tapa de los sesos. El hombre está muerto pero no ha podido quedarse dormido. El insomnio es una cosa muy persistente.

(Virgilio Piñera)

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Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto


Confesiones de un escritor chafón

Proyecté escribir una primera obra: un libro de cuentos. En ellos habría un único componente común: policías jodiéndole la vida a la gente, como siempre. Cuando inicié a escribir el libro tenía una escaleta de cuentos que tenía los siguientes, parafraseo porque no encuentro el archivo textual:

  • Un cuento sobre la vida de un policía rural, se llamaría metamorfósis o un título similar, haciendo una referencia a Kafka. Me interesaba porque los policías rurales no se dedican enteramente a ser policías, algunos son carpinteros o rotulistas de bardas para los partidos políticos. Otros policías rurales no pueden trabajar los días en los que se cosecha y así.
  • Un cuento sobre una noche en el retén. Habría sido una gran historia, pero tuve el problema de que no logré desarrollar ningún conflicto. El cuento se me convirtió en una especie de reportaje medio maleta.
  • Un cuento basado en una nota periodística: unos sujetos de Tamaulipas estaban totalmente pedos, se pasaron un retén. Los policías balearon el carro porque creyeron que eran zetas. Cuando encañonaron a todos los pasajeros y catearon el auto, vieron que solo eran muchachos ebrios. Los policías llamaron a auxilio vial y ayudaron a los jóvenes a cambiar sus llantas. En este cuento, la realidad me aplastó. El cuento no le haría justicia a la pendejez de la policía.
  • Otro cuento sobre policías gays que comienzan a sentir atracción mutua. El cuento iba a terminar con una pequeña frase sobre que los policías también tienen sentimientos.
  • Un “ensayo narrativo” sobre “el primer congreso nacional de kinología”. Etimológicamente se refiere al estudio de los perros, pero por el capricho etimológico también podría referirse a los “policías mordelones”. En el cuento iba a reconstruir fragmentos de ponencias sobre los policías.
  • Un infomercial que vendiera algo para evitar a los policías. No me decidía bien si sería un objeto tangible (una pulsera con hormonas) o algo intangible (un seguro con cobertura amplia).
  • Un cuento sobre un burdel incendiado.
  • Un relato fantástico sobre policías que lograron que un olmo diera peras. Les dieron el nóbel de química, pero después les quitaron el premio porque descubrieron, gracias a Green Peace, que los policías habían extorsionado al árbol con tehuacanazos y otros medios.
  • Otro cuento sobre un burdel incendiado (no tenía nada que ver con el anterior).
  • Una especie de “bestiario” sobre la fauna policiaca. Los tipos de policía contrastados con los tipos de policía que salen en la tele.
  • Recetas para engordar un policía y el instructivo para matarlo y cocinarlo después de haberlo hecho.

Y esas eran todas las historias que escribiría. Hoy desperté y recordé vagamente ese libro. Se llamaba Cuentos para Espantar Policías. En seguida recordé que se iría a la lista de libros impublicables. No me deprimí ni hice nada parecido. Decidí pasar de él y ya, creo que me harté del libro.

Ahora trabajo en una novela, el nombre clave es Anatoconoma Cuarenta y Cinco, pero en realidad me gustaría llamarlo Las Ardillas son una Cosa del Infierno. Creo que se vería mejor que mi nombre en Wikipedia figurara por esa obra.

Estoy traicionando cierto pacto mamón de los escritores tradicionales que no hablan sobre la obra en la que trabaja. Pero qué me importa. Seguramente lo publicaré en red. No soy del tipo de tipos que escriben para sentirse vivos y no sufrir el desasosiego de la sociedad capitalista. Escribo porque quiero coger con topmodels, beber champaña, manejar un convertible e inhalar cocaína de un billete de cien dólares. Lo demás: las portadas, congresos, homenajes, ponencias, reseñas, teorías, reconstrucciones de la realidad y chingaderas de ese tipo, se lo dejo a las personas que le temen a la intrascendencia.

Soy del tipo de tipos que le temen más a unas caderas que se mueven vertiginosamente en un video de reggaetón que a la página en blanco.

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Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto


2010 en cifras

250 litros de alcohol tuvo que metabolizar mi hígado para seguir funcionando este año.
1280 veces dije “me cago en Dios”.
348 escupitajos en la vía pública.
2500 detenciones en los retenes meridanos por mi “aspecto sospechoso”.
8,280 horas (aproximadamente) pasé en internet este año.
15 solicitudes de empleo y currículums envié por correo electrónico y ninguno tuvo un “acuse de recibo”, mucho menos me dieron trabajo (luego encontré un trabajo cool y dejé de enviar las solicitudes de empleo).
3 veces fui a la Facultad de Antropología a perder mi tiempo por jodederas del servicio social.
450 encuentros sexuales en los que participé, de los cuales 439 fueron con mi mano, 8 con prostitutas y 3 no recuerdo exactamente.
13 noches gritando en la vía pública que los ornitorrincos eran los animales más tiernos de la galaxia.
6789 veces dije que Padma Lakshmi es la mujer más sensual.
6790 veces dije que Salman Rushdie es mi ídolo por ser así de feo y haberse echado a Padma.
12,992 Tweets (y contando) de los cuales 4387 incluyen la frase “estoy pedo”, y la palabra “sexo” aparece 15,800 veces (ignoro las causas).
1 serpiente pasó por mi vida y se fue.
86 veces dije que quería un xoloescuintle más que a nada en este mundo.
85 veces me retracté de lo anterior cuando recordé que los perros cagan… por todos lados… y apesta… mucho.
9 veces vi la película de Watchmen este año.
151 veces maldije a mi mala digestión por el estreñimiento.
150 veces maldije a mi mala digestión y a la gastritis.
51 domingos molesté a mi abuela.
190 horas pasé en el hospital cuidando a mi abuelo después de su infarto. Por ¿suerte? no se murió, pero ya no puede tomar cerveza (dudo de que a eso se le pueda llamar vida).
18 veces pensé en hacerme la vasectomía.
1 orgía en la que participé. Estuvo tan buena que la próxima vez invitaremos mujeres y no solo cabras.
8 cortes de pelo fueron a los que me sometí este año.
45 fantasías sexuales que no cumplí, incluyendo vestirme de Java de Hutt y participar en la nueva versión porno de Star Wars.
180 alka seltzers me aliviaron la resaca.
15 pastillas de omeprazol me aliviaron la gastritis.
1 enfermedad pero 4 días en cama y 12 días enfermo.
2 choques, por caprichos del destino en ninguno estaba pedo.
9 veces insulté a un policía en su cara.
1200 insultos contra los policías.
276 veces me dijeron que era un hipster.
300 veces reconocí que a este país le va a llevar la verga.
28 veces dije que el futuro de México está en el crimen organizado, aunque no nos guste.
5 intentos fallidos de pasar Mario Bros 3 sin usar la flautita y no lo logré.
2 presentaciones del libro de Maik.
3 amenazas de detención por orinar en la vía pública.

365 días me la pasé a toda madre… (y contando).

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Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto


Cumpleaños

Hoy es el cumpleaños de Woody Allen. También hay otras conmemoraciones menos importantes, algo sobre el SIDA y algo sobre niños golpeados en Sudamérica y otra chingadera sobre la trata de órganos y más muertos en el norte del país.
Pero lo que importa es lo de Woody Allen, es uno de esos pocos genios que aún no llegan a cagarme la madre por repetirse una y otra y otra y otra vez. Definitivamente entrañable ese judío neoyorquino neurótico semiandropausico. Y ya. De los pocos cineastas que no me hartan y de los pocos hacedores de películas que no necesitan poner escenas de sexo ni balazos para atrapar mi atención.

Recomiendo leer el artículo “Woody Allen”, de Rodrigo Fresán en Letras Libres.
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Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto


Las toallas (Douglas Adams)

La Guía del autoestopista galáctico tiene varias cosas que decir respecto a las toallas.

Dice que una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar. En parte, tiene un gran valor práctico: uno puede envolverse en ella para calentarse mientras viaja por las lunas frías de jaglan Beta; se puede tumbar uno en ella en las refulgentes playas de arena marmórea de Santraginus V, mientras aspira los vapores del mar embriagador; se puede uno tapar con ella mientras duerme bajo las estrellas que arrojan un brillo tan purpúreo sobre el desierto de Kakrafun; se puede usar como vela en una balsa diminuta para navegar por el profundo y lento río Moth; mojada, se puede emplear en la lucha cuerpo a cuerpo; envuelta alrededor de la cabeza, sirve para protegerse de las emanaciones nocivas o para evitar la mirada de la Voraz Bestia Bugblatter de Traal (animal sorprendentemente estúpido, supone que si uno no puede verlo, él tampoco lo ve a uno; es tonto como un cepillo, pero voraz, muy voraz); se puede agitar la toalla en situaciones de peligro como señal de emergencia, y, por supuesto, se puede secar uno con ella si es que aún está lo suficientemente limpia.

Y lo que es más importante: una toalla tiene un enorme valor psicológico. Por alguna razón, si un estraj (estraj: no autoestopista) descubre que un autoestopista lleva su toalla consigo, automáticamente supondrá que también está en posesión de cepillo de dientes, toallita para lavarse la cara, jabón, lata de galletas, frasca, brújula, mapa, rollo de cordel, rociador contra los mosquitos, ropa de lluvia, traje espacial, etc. Además, el estraj prestará con mucho gusto al autoestopista cualquiera de dichos artículos o una docena más que el autoestopista haya «perdido» por accidente. Lo que el estraj pensará, es que cualquier hombre que haga autoestop a todo lo largo y ancho de la galaxia, pasando calamidades, divirtiéndose en los barrios bajos, luchando contra adversidades tremendas, saliendo sano y salvo de todo ello, y sabiendo todavía dónde está su toalla, es sin duda un hombre a tener en cuenta.

(Douglas Adams, Guía del autoestopista galáctico)
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Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto