Confesiones de un escritor chafón

Proyecté escribir una primera obra: un libro de cuentos. En ellos habría un único componente común: policías jodiéndole la vida a la gente, como siempre. Cuando inicié a escribir el libro tenía una escaleta de cuentos que tenía los siguientes, parafraseo porque no encuentro el archivo textual:

  • Un cuento sobre la vida de un policía rural, se llamaría metamorfósis o un título similar, haciendo una referencia a Kafka. Me interesaba porque los policías rurales no se dedican enteramente a ser policías, algunos son carpinteros o rotulistas de bardas para los partidos políticos. Otros policías rurales no pueden trabajar los días en los que se cosecha y así.
  • Un cuento sobre una noche en el retén. Habría sido una gran historia, pero tuve el problema de que no logré desarrollar ningún conflicto. El cuento se me convirtió en una especie de reportaje medio maleta.
  • Un cuento basado en una nota periodística: unos sujetos de Tamaulipas estaban totalmente pedos, se pasaron un retén. Los policías balearon el carro porque creyeron que eran zetas. Cuando encañonaron a todos los pasajeros y catearon el auto, vieron que solo eran muchachos ebrios. Los policías llamaron a auxilio vial y ayudaron a los jóvenes a cambiar sus llantas. En este cuento, la realidad me aplastó. El cuento no le haría justicia a la pendejez de la policía.
  • Otro cuento sobre policías gays que comienzan a sentir atracción mutua. El cuento iba a terminar con una pequeña frase sobre que los policías también tienen sentimientos.
  • Un “ensayo narrativo” sobre “el primer congreso nacional de kinología”. Etimológicamente se refiere al estudio de los perros, pero por el capricho etimológico también podría referirse a los “policías mordelones”. En el cuento iba a reconstruir fragmentos de ponencias sobre los policías.
  • Un infomercial que vendiera algo para evitar a los policías. No me decidía bien si sería un objeto tangible (una pulsera con hormonas) o algo intangible (un seguro con cobertura amplia).
  • Un cuento sobre un burdel incendiado.
  • Un relato fantástico sobre policías que lograron que un olmo diera peras. Les dieron el nóbel de química, pero después les quitaron el premio porque descubrieron, gracias a Green Peace, que los policías habían extorsionado al árbol con tehuacanazos y otros medios.
  • Otro cuento sobre un burdel incendiado (no tenía nada que ver con el anterior).
  • Una especie de “bestiario” sobre la fauna policiaca. Los tipos de policía contrastados con los tipos de policía que salen en la tele.
  • Recetas para engordar un policía y el instructivo para matarlo y cocinarlo después de haberlo hecho.

Y esas eran todas las historias que escribiría. Hoy desperté y recordé vagamente ese libro. Se llamaba Cuentos para Espantar Policías. En seguida recordé que se iría a la lista de libros impublicables. No me deprimí ni hice nada parecido. Decidí pasar de él y ya, creo que me harté del libro.

Ahora trabajo en una novela, el nombre clave es Anatoconoma Cuarenta y Cinco, pero en realidad me gustaría llamarlo Las Ardillas son una Cosa del Infierno. Creo que se vería mejor que mi nombre en Wikipedia figurara por esa obra.

Estoy traicionando cierto pacto mamón de los escritores tradicionales que no hablan sobre la obra en la que trabaja. Pero qué me importa. Seguramente lo publicaré en red. No soy del tipo de tipos que escriben para sentirse vivos y no sufrir el desasosiego de la sociedad capitalista. Escribo porque quiero coger con topmodels, beber champaña, manejar un convertible e inhalar cocaína de un billete de cien dólares. Lo demás: las portadas, congresos, homenajes, ponencias, reseñas, teorías, reconstrucciones de la realidad y chingaderas de ese tipo, se lo dejo a las personas que le temen a la intrascendencia.

Soy del tipo de tipos que le temen más a unas caderas que se mueven vertiginosamente en un video de reggaetón que a la página en blanco.

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Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto

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Las toallas (Douglas Adams)

La Guía del autoestopista galáctico tiene varias cosas que decir respecto a las toallas.

Dice que una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar. En parte, tiene un gran valor práctico: uno puede envolverse en ella para calentarse mientras viaja por las lunas frías de jaglan Beta; se puede tumbar uno en ella en las refulgentes playas de arena marmórea de Santraginus V, mientras aspira los vapores del mar embriagador; se puede uno tapar con ella mientras duerme bajo las estrellas que arrojan un brillo tan purpúreo sobre el desierto de Kakrafun; se puede usar como vela en una balsa diminuta para navegar por el profundo y lento río Moth; mojada, se puede emplear en la lucha cuerpo a cuerpo; envuelta alrededor de la cabeza, sirve para protegerse de las emanaciones nocivas o para evitar la mirada de la Voraz Bestia Bugblatter de Traal (animal sorprendentemente estúpido, supone que si uno no puede verlo, él tampoco lo ve a uno; es tonto como un cepillo, pero voraz, muy voraz); se puede agitar la toalla en situaciones de peligro como señal de emergencia, y, por supuesto, se puede secar uno con ella si es que aún está lo suficientemente limpia.

Y lo que es más importante: una toalla tiene un enorme valor psicológico. Por alguna razón, si un estraj (estraj: no autoestopista) descubre que un autoestopista lleva su toalla consigo, automáticamente supondrá que también está en posesión de cepillo de dientes, toallita para lavarse la cara, jabón, lata de galletas, frasca, brújula, mapa, rollo de cordel, rociador contra los mosquitos, ropa de lluvia, traje espacial, etc. Además, el estraj prestará con mucho gusto al autoestopista cualquiera de dichos artículos o una docena más que el autoestopista haya «perdido» por accidente. Lo que el estraj pensará, es que cualquier hombre que haga autoestop a todo lo largo y ancho de la galaxia, pasando calamidades, divirtiéndose en los barrios bajos, luchando contra adversidades tremendas, saliendo sano y salvo de todo ello, y sabiendo todavía dónde está su toalla, es sin duda un hombre a tener en cuenta.

(Douglas Adams, Guía del autoestopista galáctico)
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Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto