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Fronteras entre intertextualidad y plagio

¿Hasta dónde una obra puede apropiarse de otra para nutrirse?, es la pregunta a la que responden varios escritores a partir de la polémica que suscitó en estas páginas Tríptico del desierto de Javier Sicilia. Asimismo publicamos la contrarréplica de Evodio Escalante al ganador del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2009.

En las recientes semanas en este suplemento, Evodio Escalante y Javier Sicilia han polemizado sobre la manera como se utilizan versos de Eliot, Rilke y Celan, entre otros poetas, en Tríptico del desierto (Era), con el que Sicilia obtuvo el Premio Aguascalientes de Poesía 2009.

El debate nos lleva a preguntarles a otros poetas: ¿hasta dónde una obra puede apropiarse de otra para nutrirse? Víctor Manuel Mendiola ubica como un referente Tierra baldía de T.S. Eliot: “Esta composición articula de un modo original textos de distinta procedencia y diversa índole con la voz del poeta, porque sincroniza el lenguaje de otros autores con el lenguaje de Eliot. Pero en este poema las fronteras están claramente establecidas. No hay confusión posible. El lector avezado pero también el ingenuo no pueden caer en engaño. Eliot nos deja ver claramente lo que es de él y lo que es de otros. Con comillas, cursivas y una lista suficiente de notas al final del poema, comprendemos el montaje o la superposición de textos. No actuar de este modo hubiera hecho confusas las fronteras de la ‘intertextualidad’ y protegido los hurtos del ladrón en el libro”.

A mediados de siglo XX, los estructuralistas impulsaron una tesis: eliminar al sujeto de toda obra. En este sentido, Roland Barthes llegó a decir que todo texto es un intertexto, por la presencia de otros textos en él. Sobre ello comenta Juan Domingo Argüelles: “Para hablar de intertextualidad y plagio, primero tenemos que hablar de influencias. En un texto están presentes extractos variables de cultura que nosotros hacemos nuestra inconscientemente. Paul Valéry, a quien Octavio Paz citó en su momento cuando fue acusado de haber plagiado a Samuel Ramos para escribir El laberinto de la soledad, decía: ‘no hay nada más original que nutrirse de los otros, pero es preciso digerirlos. El león está hecho de cordero asimilado’. Esta frase Paz la tradujo dando a entender que, efectivamente, había leído a Samuel Ramos pero que de alguna manera se lo había comido y que en ningún modo se sentía plagiario”.

La discusión sobre si esta absorción de la obra elimina al autor, plantea un asunto que define Adolfo Castañón: “Este debate se da dentro de una cultura universal y planetaria, donde la identidad individual puede estar expuesta y encontrarse cada vez más desdibujada. Hace poco encontré un ensayo de Mark Twain sobre los traductores de Shakespeare y me sorprendí cuando vi en una nota a pie de página una elaboración que me sonaba mucho y que no era más que uno de los textos de Historia universal de la infamia en torno al impostor Tom Castro; ése es un ejemplo de plagio nobilísimo y muy elaborado por parte de Borges, que hizo de una nota al pie de Mark Twain un cuento”.

En términos concretos, la frontera entre plagio e intertexto pareciera ser muy tenue, no obstante, Jorge Fernández Granados ubica como diferencia el fin que persiguen en sí mismos: “Aquello que se llama plagio es muy evidente, es una copia con toda la intención y plena conciencia de que es una obra ajena, buscando ocultar el origen. Mientras que la intertextualidad, la influencia, la mimesis, la paráfrasis, el diálogo entre un estilo o una obra y otra es algo muy diferente. Aquí lo que sucede es la asimilación de una obra a través de otra, esto puede tomar muchos matices, puede ser desde algo por influencia o para hacer un homenaje o una paráfrasis. También puede ser una cosa satírica, un juego de ironía, pongamos por ejemplo el collage. El autor puede o no hacerlo evidente. La intertextualidad es uno de los elementos más importantes en el arte contemporáneo, casi diría que no hay una obra absolutamente original. De alguna u otra forma todas las obras escritas en la actualidad la manejan de distinta manera”.

Bajo esta línea, precisa Adolfo Castañón: “Una frase tiene sentido en función de las frases que la preceden, que la siguen y que se sobreponen. La cultura de la originalidad absoluta en términos literarios y de la enciclopedia del idioma es muy relativa. El filósofo catalán Eugenio D’Ors dice: todo lo que no es plagio es traición y todo lo que no es traición es plagio. Se puede jugar mucho con este tema y también se puede pensar que hay personas que temen que los plagien y otros que celebran que los hayan plagiado, porque eso los hace entrar al reino de esa inmortalidad llamada cultura de todos”.

Una vez que se toman elementos de una obra, existen recursos como cursivas, comillas, notas, información que aclare el poema, novela, música a la que se acudió. No obstante, el autor tiene la libertad de precisar o no estos datos. En el caso de Javier Sicilia y Tríptico del desierto, no lo hizo, algo que según Francisco Hernández, integrante del jurado del Premio Aguascalientes 2009, es válido. “Hay una frase de no sé quién que dice: la poesía debe estar hecha por todos. Eso fue lo que advertimos en el texto de Sicilia, estamos perfectamente conscientes de lo que estábamos haciendo y sabíamos de dónde venían las líneas y fragmentos que estaba usando; damos por un hecho que así se manejan estas cosas. No se puede ser tan estrictamente académico y poner a pie de página todo lo que va dentro de un texto. Uno define si pone la cita o no, allá los lectores si saben o no quién es Paul Celan”.

En el mismo tono comenta María Baranda, también jurado del certamen: “Hablar de intertextualidad es hablar de puentes entre distintas tradiciones poéticas, de enlaces entre poetas y poemas, de viajes de un continente a otro; se trata de ver más allá de los movimientos, los estilos o los lenguajes de la poesía. La intertextualidad, desde sus comienzos, nos habla de abundancia, de logro, de conversación y de progreso. Basta con recordar a tres grandes que la pusieron en marcha en sus propios poemas: Pound,
Williams, Eliot. Quien la usa lo hace de una manera evidente y abierta, a los ojos de todos, porque es una preferencia, un camino, una señal de vigor y de salud de su propia poesía. Por eso, muchas veces, no recurre a la puntuación o al señalamiento de la comilla. Pero apela siempre a la inteligencia del lector”.

Para Castañón esto no representa mayor controversia: “El poeta tiene todo el derecho de probar la inteligencia de sus lectores, y ése es parte del juego de la literatura. Alfonso Reyes jugó con intertextos en las Burlas literarias que escribió con Enrique Díez-Canedo, donde le trataban de tomar el pelo a un erudito hispanista de principios de siglo proponiéndole que se había descubierto un documento de Góngora que ellos habían cocinado.

Ladrón de mariposas
Ladrón de mariposas

“Creo que decir poesía es decir intertextualidad y decir creación es decir rapto. Y rapto es una palabra que está en la definición de plagio. El rapto es el juego de la literatura, la pintura y la música que están llenas de eso. O sea que gravitamos en torno al mismo sol, en distintas órbitas”.

¿Usar o no las acotaciones?, he ahí el dilema. Opina Jorge Fernández Granados: “Como son convenciones pueden ser obviadas u omitidas y situarse en un espacio de mayor libertad, donde la cita queda intercalada en el texto. Un caso muy claro en la poesía mexicana contemporánea es Gerardo Deniz, que todo el tiempo está jugando con la intertextualidad y la cita oculta, jugando a ver quién lo descubre. En el ensayo siempre que uno cita debe ubicar la fuente; no pasa nada malo si uno no lo hace, pero es más serio el trabajo cuando se toman todas esas medidas de respeto a la obra anterior. Por supuesto, las referencias son inagotables y es imposible estarlas citando en todo momento. Yo me inclino por respetar lo más posible la fuente, pero es algo muy personal”.

A juicio de Mendiola, precisar la fuente obedece a una cuestión de responsabilidad: “El autor debe encontrar la manera de hacer claro que su poema —o novela o ensayo— está ampliando o mutilando o tergiversando otro texto que no es el suyo. Hay muchos recursos tipográficos y gramaticales para hacer la indicación. No usarlos revela falta de pericia literaria o hurto. Tan desafortunado un acto como el otro. El autor realiza esta aclaración por un principio de honestidad y también por respeto a los otros autores, a los editores y a los lectores”.

Los argumentos apuntan hacia una cuestión personal y por lo tanto discutible con diversos puntos de vista. El caso de Deniz es referencial en cuanto a que lleva este tipo de prácticas a niveles extremos: “Para mis fines o mi interés no me importa en absoluto poner citas o comillas. Son cosas tan breves que no tendría razón nombrarlas, y menos para llamarlas plagio. La vida es intertextualidad. Cuando escribo, escribo lo que se me ocurre o pienso, y si en ese camino se interpone una palabra o una frase, un pasaje de otros, lo uso. No importa que sea de Dante o de Gilgamesh. La cita sólo tiene sentido cuando se usa un párrafo, lo mismo un epígrafe”, comenta el escritor.

La forma de trabajar este recurso obedece a una cuestión individual. Así lo entiende María Baranda: “La manera de usar la intertextualidad depende de la necesidad y de la realidad de cada texto”.

Al respecto, precisa Fernández Granados: “Concretamente en mi libro Principio de incertidumbre, hay una gran cantidad de versos o citas, claro que al final hago todo un apéndice de notas y fuentes, indicando de dónde provienen y de qué obras. Sí creo que la obra contemporánea es intertextual. Es una característica que enriquece el arte, siempre y cuando se haga lo más ética y transparentemente posible, tratando de que quien quiera buscar la referencia siempre la tenga a mano”.

Habla Francisco Hernández: “En mi libro Cuaderno de Borneo utilicé versos de Georg Trakl y sí los puse en cursivas, pero en otros textos como en Habla Scardanelli no me tomé esa molestia, es como si un artista gráfico hiciera un collage y en la parte de atrás del cuadro tuviera que poner: Este pedacito de cartón lo tomé de una caja de cerveza?”

Para Mendiola: “Todo texto es producto de una tradición (formas, fuentes, variaciones, comentarios…). Todos estamos atrapados en esta ‘red sonora’. Todos sin querer citamos, aludimos y también provocamos fricciones. No obstante, si hay algo fundamental que debe reivindicar un escritor —y cualquier artista— es la capacidad de invención. Aunque habría que decir que en la postmodernidad, en los tiempos del populismo ‘artístico’, la invención es trabajo reproductivo y nivel medio. El arte dominante, de clase media, es ‘democrático’ y plagiario. En lo personal he usado la intertextualidad en mi poema Papel revolución que cita, contrasta y dialoga con Historia verdadera de la conquista de la Nueva España así como con los libros de historia de la SEP de hace cuarenta y tantos años. Mi poema también hace una especie de alusión —no de intertexto— cubo-futurista a los cómics”.

Rasgo determinante es la intención. Aquí los entrevistados coinciden, aun cuando cada uno la lleva a distintos terrenos. Mientras que para Mendiola se puede hablar de plagio “cuando un autor toma una idea, y su forma de encarnar en una solución verbal específica, sin dar aviso al lector o al editor”, Castañón afirma: “A veces uno puede incurrir en un plagio sin saberlo porque a través de él está hablando la tradición, está tan embebido en la tradición que está siendo trabajado por ella. [Lo importante para la literatura] es juzgar si esas imitaciones fueron o no artísticamente eficaces y será la posteridad la que decidirá esas cosas”.

Héctor González

tomado del suplemento cultural Laberinto, Milenio.