Archivar paraOctubre, 2008

Literatura nobel v’s literatura gringa (Yépez)

Acabo de leer el nuevo artículo de Yépez. El nobel nos agarró a muchos con el jesús. A otros les agarró en el baño. A mi me agarró con el jesús en la boca mientras estaba en el baño. Debo admitir algo, veía venir el nobel para un (otro) ebriopeo. No es que Europa sea la cuna de la literatura, pero que bien saben vender la idea de la “disque”-vanguardia. Pero yo no peroratearé más. Dejo el artículo de Yépez, aunque el tono del mismo va decayendo conforme avanza me parece mejor que los dos o tres anteriores sobre la curaduría y post-curaduría, las artes visuales son de hueva, pero los artistas visuales son el triple de hueva, a no ser que sean Fresa (que es de hueva, pero está bien buena).

Literatura novel v’s literatura gringa

Días antes de anunciar los Nobel 2008, el secretario permanente de la Academia Sueca, Horace Engdahl, aseveró que la literatura norteamericana es provinciana.

¡Hasta que la Academia Sueca es sensata! Ni Philip Roth ni Joyce Carol Oates ni Paul Auster ni Don DeLillo son escritores literariamente revolucionarios. Son pacatos y reaccionarios. Escriben bien. Pero también escribe bien Marcela Serrano.

Aunque han estado regalando el Nobel a políticos literariamente correctos, esta vez Engdahl tiene razón. La literatura norteamericana mainstream es una majadería. Una tomada de pelo que agrada a miles de lectores y escritores, miembros del Nuevo Orden Provinciano Global.

Why? Sencillo. Refleja el conservadurismo de su vida y pensamiento. Todos estos autores norteamericanos reiteran una forma de ser semejante a la abanderada por las clases lectoras. La estetizan, es decir, la ironizan y embellecen en dosis equilibradas. El escritor y el artista contemporáneos consisten en fingir una distancia crítica.

Solterona tan perversa como guapa, en la historia ¡eres una gran quedada! Ni modificas ni aceptas tu conformidad con el mundo, sino que perpetras algo tan chapucero que no hemos sido capaces de desenmascararte, no quedándonos otra que denominarte “literatura”.

Margaret Atwood, Haruki Murakami, Amy Tan, Isabel Allende o Carlos Ruiz Zafón. ¿Cuál disidencia frente al mercado? Que el mercado no está hecho de ventas, amigos, sino de valores. Son las plumas de la familia o de la oveja negra, que es la misma vaina.

Si no al final del día, sí, definitivamente, durante el intermedio, Sarah Palin y Elfriede Jelinek son una misma figura.

Todas nuestras literaturas han ido, siglo tras siglo, consolidando esta función: ser un satélite bipolar de la cultura; simular una desviación de los valores caciques. Ninguna lo hace tan bien como la norteamericana.

Por eso, tal literatura, como Engdahl acusa, no traduce ni participa del “diálogo internacional”. (Claro, Engdahl, por internacional quiere decir eurocéntrico; “Europa sigue siendo el centro de la literatura”, delira.) Los americanos, remata, padecen de “ignorancia” y sus autores “están demasiado pendientes de las modas en su propia cultura de masas”.

Aquí hay un debate sonámbulo. Engdahl critica el aislacionismo (proteccionismo intelectual) de las letras estadunidenses pero, a la vez, las critica por sufrir el excesivo influjo de lo comercial, es decir, por no estar suficientemente aislada de lo popular.

Literatura es insularidad. Después de la modernidad, no obstante, todavía no sabemos de qué exactamente debemos aislarnos.

¿De las generaciones? ¿El extranjero? ¿El lector? ¿Los géneros? ¿La política? ¿El mercado? ¿De la literatura misma? ¿Del propio escritor? ¿Del clima?

Nobody knows.

Heriberto Yépez

…y ya.