Archivar paraJulio 9, 2008

Los Bolañitos

Hay una estirpe, de retaguardia retardada. En el medio, los llaman “Los Bolañitos” por su afición a Roberto Bolaño. Es que “El Ojo Silva” es un cuento de los grandes. Aún así, la violencia persigue a dichos fans de Bolaño, como si se tratara de un thriller sentimental de vanguardia. Pregunta retórica: ¿cuántas vanguardias serían necesarias para conseguir un cuento de esa talla?

Lo ignoro. Ahora estamos en la época donde creemos que estamos haciendo lo último. Dentro de cien años los non plus ultras del hoy, serán vejestorios. Estoy pensando en esta computadora, tan moderna que ya pasó de moda. Estoy pensando en la vigencia de Los Bolañitos. Porque Bolaño es un simulacro. La simulación (tal vez emulación) de una novela. La insinuación. El coqueteo al lector. Los guiños al Monsi. El odio a Paz (a mi también me gustan algunos de sus poemas).

Reescribir la historia no es tan importante. Como intentar reescribirla. O hacer accesible el proceso de reescritura. O mejor todavía: desescritura. Las historias ya no se hacen. Se deshacen, pero no con fines deconstructivistas científicos. Simplemente son historias apócrifas, transnacionales, translocales, gastrointestinales y quién sabe cuantos epítetos más.

Y aún así “El Ojo Silva” no se parece en nada a los detectives salvajes. Por eso todos los Bolañitos son bien diferentes. Y aún así la suma de las partes sigue siendo más grande que el todo.