América y la gnovela

Nosotros los gnósticos dejaremos atrás la literatura como tal.

Esta parvada apócrifa que somos extremará su tangente, hasta abismarnos en lo desconocido: un saber que aún no poseemos, que es ya la única meta real de la escritura: descubrir o construir —verbos inesenciales mientras haya acto drástico— un conocimiento nuevo. No saber qué sigue será la señal.

La gnovela es gnosis. La gnovela es la búsqueda del total poder creativo; que ordinariamente se encuentra dividido.

¿La inercia? Continuar la novela oxidental. O, en el mejor de los casos, jugar con ella, conservando su yoico núcleo. Sin captar que es verdad esa intuición a la que ya llegamos decenas de veces en las últimas décadas: la novela ha muerto. De su muerte nacerá otra entidad, que aún no hemos podido crear. Y ya vendrá.

Esa gnovela tendrá un mayor vínculo a la visión. Será escrita desde nuestra zona daimónica. El mundo literario es lerdo. Su atención mental es pobre. No se da cuenta, por estar hundido en pleititos o promociones turísticas, que en Latinoamérica la literatura cobró una gravedad que rebasó con mucho a la novela europea.

La novela latinoamericana y la poesía norteamericana de posguerra abrieron nuevas brechas. Aunque los que llegaron más lejos todavía toparon con muros. Y su vocabulario espiritual y sus estructuras literarias todavían quedaron atadas al viejo mundo, como lo están aún más las nuestras, que por miedo dimos pasos atrás. Y, sin embargo, la separación acaecerá. No sabemos cuándo. Pero sucederá.

Hablo desde la mutación que hará aparecer la gnovela, pero podríamos hablar desde los otros géneros moribundos, como la poesía, el ensayo y el cuento, que también serán cadáveres de los cuales germinarán formas aún ignotas.

Pero sépase ya que hay que salir de la escritura despistada que domina. Esos centenares o miles de escritores de variado prestigio que siguen creando literatura, sin comprender que ella era sólo una etapa transitoria para la producción de una especie de libros que nos religarán a lo nuevo sagrado.

La literatura latinoamericana, su cuento, su poesía, su novela, su ensayo, toda su unidad distinta, desembocará en la germinación de una sabiduría.

De no saberlo, habrá fracasado.

Esto será evidente en pocos siglos. Ahora sólo parece una bruma o una broma, una propuesta repetida o una hipótesis loca. Nada de esto importa. Ese saber será creado.

La literatura sólo será nuestra penúltima etapa.

América que ahora es apócrifa, América ahora errática, mañana será profética.

Y para que ello ocurra han de caer nuestras ciudades, han de quebrar nuestros gobiernos, han de llegar otros amos, y entonces, de las cenizas del mundo que hemos conocido aparecerán las visiones y las voces que alzarán inusitados cantos.

Heriberto Yépez.

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